Mercaderes del riesgo: la impunidad de Velázquez y Limón en la Feria de León

Hay funcionarios que confunden la responsabilidad pública con un feudo privado y el presupuesto con un cheque en blanco para el lucimiento personal.

En León, la gestión del Festival de Verano 2026 bajo la conducción de Héctor Luis Velázquez, presidente del Patronato de la Feria, y Alonso Limón Rode, director general del organismo, se ha convertido en una muestra explícita de opacidad, soberbia e irresponsabilidad administrativa.

Pretender gobernar y operar una festividad masiva ignorando las garantías elementales de seguridad no es un mero tropiezo operativo: es una negligencia con implicaciones directas en la integridad física de las familias leonesas.

El escándalo en torno a los juegos mecánicos no nació con los fallos de la semana pasada; se incubó desde las entrañas del proceso de adjudicación.

Para esta edición, la feria asignó la concesión de las atracciones a la empresa Atracciones Chavero por una suma de 7 millones 100 mil pesos más IVA.

Sin embargo, lo que se presentó como un procedimiento riguroso ante el Subcomité de Adquisiciones terminó desmoronándose en la práctica: la feria arrancó a medias, con apenas 17 de los 41 juegos autorizados en su inicio debido a que el proveedor carecía de los dictámenes técnicos actualizados exigidos por Protección Civil.

Es indignante que la autoridad municipal haya tenido que frenar la operación inicial para evitar una tragedia, mientras la dirección del Patronato intentaba minimizar el retraso.

La gravedad de la situación escaló de las anomalías de papel a los hechos de sangre: fallas operativas, detenciones abruptas y la lamentable lesión de usuarios por mecanismos en mal estado —como el atrapamiento de un menor por el uso de sistemas de presión improvisados con cables— son prueba fehaciente de que la supervisión fue nula.

Ante la emergencia climática de lluvias y vientos fuertes en la región, poner a girar estructuras sin verificación plena es una ruleta rusa patrocinada por el erario.

A pesar de las evidencias, la respuesta de Héctor Velázquez y Alonso Limón ha sido el cinismo. En un ejercicio de comunicación truculento, ofrecen datos a medias, declaran sin informar y se niegan a exhibir la totalidad de los contratos, bitácoras de mantenimiento y expedientes de supervisión.

Parecen encerrados en sí mismos, su soberbia es monumental, no les importa las cagadas que han hecho en este Festival de Verano, ignoran el reclamo social, como el del colectivo feminista ante la presentación del Cuatrero. Y no se diga del muro ridículo colocado en las instalaciones.

Ambos directivos parecen olvidar su calidad de servidores públicos; actúan como si el Patronato fuera una empresa familiar donde las cuentas se rinden a puerta cerrada y las ganancias se celebran en privado, disfrutando de salarios de privilegio y un estilo de vida de élite mientras la ciudadanía asume los costos del desorden.

Incluso dentro del propio Consejo Directivo y del ámbito estatal —donde la Secretaría de Turismo ya exigió formalmente transparentar la contratación y aplicar sanciones conforme a la ley—, las voces de alerta han comenzado a cercarlos.

Ya no basta con parches mediáticos ni con promesas de “evaluaciones posteriores”. Tanto la Alcaldía como el Ayuntamiento de León y las instancias de fiscalización están obligados a intervenir de inmediato.

Héctor Velázquez y Alonso Limón deben comparecer y entregar cuentas claras. Cuando la función pública se abarata al grado de poner en peligro a los niños de esta ciudad a cambio de dividendos y opacidad, la permanencia de sus responsables en el cargo resulta insostenible. León exige respuestas y consecuencias legales ya.

He dicho y ya está.

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