El Fiscal de las Generalidades: Mucha Retórica, Poca Justicia

Guanajuato tiene un fiscal que es un maestro del escapismo. Gerardo Vázquez Alatriste compareció ante el Congreso del Estado en lo que debió ser un ejercicio democrático de rendición de cuentas, pero que terminó siendo un despliegue de soberbia, frases hechas y un desdén absoluto por la transparencia.

Tras más de 400 días de una gestión sumida en la polémica, Alatriste llegó a la casa del pueblo no a informar, sino a administrar silencios.

Hablemos de lo que él llama “éxitos”. El fiscal presumió la detención de casi 3 mil personas y el decomiso de armas y millones de pesos. Habló de “romper paradigmas” y de “escribir historias nunca logradas” en el combate a la delincuencia organizada. Pero, ¡cuidado! Entre el discurso y la realidad hay un abismo que Alatriste intenta tapar con adjetivos.

Mientras él se autodenomina un “operador cien por ciento del sistema”, la realidad lo alcanza. Por fin, tras meses de evasivas, tuvo que reconocer lo que era un secreto a voces: el uso indebido de credenciales oficiales tras lo que todos llamamos “hackeo”, pero que él, en su afán de controlar la narrativa, insiste en llamar “delitos informáticos”. ¿Qué diferencia hay para el ciudadano común si la vulnerabilidad es la misma? Ninguna. Pero para el fiscal, la palabra es un escudo para no admitir que su sistema fue vulnerado.

Y también recordemos cuando dijo que le habían ofrecido millones de pesos y jamás se supo nada más de esa presunta extorsión. ¿Sí inició una carpeta de investigación o de plano se hizo pato?

Lo más doloroso, lo que realmente muestra la cara de esta Fiscalía, fue el reconocimiento de errores graves en la identificación humana.

Admitir que un padre tuvo que reconocer a su hijo mediante indicadores erróneos porque “el sistema falló” es una bofetada para las víctimas. Y aunque Alatriste diga con voz engolada que “asume la responsabilidad del pasado, presente y futuro”, sus acciones dicen lo contrario.

¿Cómo puede asumir la responsabilidad alguien que antagoniza sistemáticamente con los medios de comunicación? Ayer mismo, tras la comparecencia, tildó de “maleducados” a los periodistas. No le gusta que le pregunten, no le gusta que lo cuestionen, y mucho menos le gusta informar. Para él, la prensa es un estorbo, no un puente con la sociedad.

Y qué decir de su disque “vocera”, que se hunde en la mediocridad y no es ni capaz de apuntarle los nombres de cada legislador que estaba en ese ejercicio parlamentario.

Es más, tampoco es capaz de pararle un chacaleo; deja que le rindan a su jefe hasta por debajo de las orejas. Pero eso sí: su equipo de colaboradores y colaboradoras, hasta con sombrilla, tapándole el sol al artista Vázquez Alatriste.

El fiscal general, Vázquez Alatriste, además no solo dejó saldos pendientes en materia de justicia, sino que exhibió un desprecio alarmante hacia la labor periodística y el derecho a la información. La protesta de los reporteros en el recinto legislativo no fue un acto fortuito; fue el grito de un gremio harto del silencio sistemático y de una institución que confunde la discreción procesal con el muro de la opacidad.

Pero también éstos ya asumen categoría de activistas, así como quienes los incitaron y enviaron; me refiero al jefe de laboratorio. En fin.

Resulta inadmisible que un servidor público de su nivel evada el escrutinio social ninguneando a quienes dan voz a las víctimas en un Guanajuato sediento de respuestas claras y resultados tangibles.

Sin embargo, el fiscal cruzó una línea peligrosa al intentar reducir la crítica mediática a una simple transacción económica. Sugerir que los cuestionamientos sobre su gestión derivan de la falta de “convenios de publicidad” es un insulto directo a la ética periodística y una ligereza que deshonra su cargo. La rendición de cuentas es una obligación constitucional, no un producto sujeto a pautas comerciales o caprichos presupuestales.

Al pretender deslegitimar al mensajero para evitar responder por la falta de justicia, el fiscal solo demuestra una miopía democrática que profundiza la brecha entre la institución y una ciudadanía que exige verdad, no excusas mercantiles.

Y qué decir de su trato con el Poder Legislativo. Es inaudito que, tras un año en el cargo, existan bancadas que no han podido sentarse con él a discutir temas críticos como las masacres y la extorsión. Alatriste prefiere las preguntas cómodas, a las que da respuestas largas, y responde casi con monosílabos a los cuestionamientos incómodos. Se sale por la tangente con una agilidad pasmosa.

Es un fiscal siempre presente en la polémica: que si la oficina de 23 millones de pesos, que si el desaire a los diputados, que si el cinismo ante las víctimas. Pero es un fiscal ausente en los resultados que cambian la vida de la gente. Mientras él gasta millones en su despacho, las víctimas apenas ven una fracción de eso en reparación del daño.

“No le voy a fallar a Guanajuato”, dice. Pero ya falló. Falló cuando decidió que la opacidad sería su sello. Falló cuando convirtió la Fiscalía en una fortaleza de cristal donde solo entra quien él decide.

Ayer vimos un informe con muy pocas respuestas. Vimos a un funcionario que prefiere la seguridad de frases hechas como “Guanajuato no va a perder”, antes que explicar por qué las familias siguen sufriendo.

Guanajuato no necesita un fiscal que “escriba historias”; necesita un fiscal que resuelva expedientes, que proteja datos y que, de una vez por todas, entienda que rendir cuentas no es un favor que nos hace, sino una obligación que ha decidido ignorar.

Decir que la Fiscalía General de Guanajuato está mejor que antes, refiriéndose a Carlos Zamarripa, es, por decir lo menos, un enorme despropósito. Antes la Fiscalía no rechazaba las recomendaciones de la Procuraduría Estatal de los Derechos Humanos, tampoco se enfrentaba a los comunicadores para impedir la labor periodística.

Gerardo Vázquez Alatriste es hoy el fiscal de la opacidad y la soberbia. Pero la pregunta importante es si sus poco claros compromisos para este año, en caso de cumplirse, serán suficientes para mantenerse en el cargo. Le hacen falta esas pinches ganas que algún día dijo que le echaba a su chamba.

¿Cuánto tiempo más podrá seguir siendo un fiscal contrario al estilo y a las políticas de la gobernadora Libia Dennise?

He dicho y hecho.

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