Obras con sentido social: el millonario respiro para los municipios de Guanajuato.

Guanajuato vive un momento de definiciones financieras y políticas que marcarán el rumbo de los próximos años.

El reciente anuncio de la gobernadora Libia Denisse García Muñoz sobre un ambicioso paquete de obras por 8,000 millones de pesos —de los cuales la mitad provienen de un crédito bancario estratégicamente gestionado— no es solo una cifra macroeconómica; es, ante todo, un ejercicio de alta política y profunda sensibilidad social.

Lo verdaderamente destacable de esta inversión no radica únicamente en los ceros del cheque, sino en el cómo se construyó.

En un país donde el centralismo y la imposición suelen ser la regla, la gobernadora optó por el camino del federalismo interno: el consenso.

Cada obra de este paquete fue acordada, dialogada y arrastrada con el lápiz de la mano de los alcaldes de los 46 municipios del estado.

Hablamos de infraestructura con rostro humano. No son magnas obras de relumbrón para la foto oficial; son pavimentaciones de calles que quitan el lodo y el polvo a las familias, mantenimiento de caminos rurales que conectan comunidades, equipamiento y obras de agua y drenaje.

En suma, proyectos que resuelven los problemas reales e inmediatos de la gente, elevando su calidad de vida y haciendo de sus entornos espacios más productivos y habitables.

Además, este esquema es un tanque de oxígeno puro para las finanzas locales: al ser el Estado quien absorbe la inversión de estas obras, los municipios no tendrán que aportar un solo centavo de sus golpeados presupuestos.

Esto les permite liberar recursos propios para atender otras urgencias comunitarias que siempre quedan en el tintero. Una muestra clara de que Libia Denisse entiende las asimetrías de la entidad y actúa con un profundo sentido de equidad.

Sin embargo, este enorme voto de confianza y apoyo estatal pone ahora la pelota en la cancha de los gobiernos municipales, y es ahí donde las realidades contrastan de forma alarmante.

Alejandra Gutiérrez hizo frente al reto de recibir el apoyo Estatal mostrando su oficio político, apechugando con estilo y sin contraponerse a este esfuerzo estatal de obras para los 46 municipios.

El caso de Silao, donde la gestión de la alcaldesa Melanie Murillo parece atrapada en un peligroso letargo.

En los pasillos políticos y entre la ciudadanía es un secreto a voces la inactividad de un gobierno que nomás no camina, trabado en disputas internas con el Ayuntamiento y bajo la constante sombra de una percepción pública preocupante: que el rumbo del municipio depende más del esposo de la alcaldesa que de las capacidades políticas y administrativas de la propia presidenta.

Silao recibirá beneficios de este paquete estatal, y esta será la prueba de fuego para Murillo. Veremos si tiene la altura política para aprovechar este impulso, recomponer su administración y reconstruir los puentes con una ciudadanía que, con justa razón, hoy la siente sumamente distante.

Por el otro extremo, en el terreno de la mezquindad política, se encuentra el alcalde morenista de Celaya, Juan Manuel Ramírez.

Resulta francamente vergonzoso ver al edil quejarse amargamente de las obras asignadas a su municipio, cuando la realidad lo contradice por completo. El gobierno del Estado fue claro: la única condición para bajar los recursos era que los municipios entregaran los proyectos ejecutivos terminados.

Pero la desidia o la incapacidad ganaron en Celaya; su administración simplemente no hizo la tarea y no presentó los proyectos indispensables.

A pesar de su negligencia y de su falta de compromiso para con los celayenses, el municipio recibió un trato justo en el paquete. Que el alcalde intente colgarle el milagrito de su propia incompetencia, es una postura mezquina que castiga, antes que a nadie, a los ciudadanos que dice gobernar.

Destaca el caso de Irapuato, donde la presidenta municipal, Lorena Alfaro, dio una auténtica cátedra de lo que significa la gestión pública eficaz.

Con una visión proactiva y el portafolio en la mano, Alfaro no fue a estirar el brazo para ver qué le daban; llegó a la mesa con proyectos ejecutivos sólidos, bien estructurados y técnicamente viables.

Esta impecable planeación no solo demostró su capacidad administrativa, sino un genuino interés por el desarrollo de su municipio y un respeto absoluto a las reglas de operación. El resultado está a la vista: Irapuato se consolidó como uno de los municipios más respaldados en este histórico paquete de obras.

Las acciones que llegarán a suelo fresero gracias a esta sinergia entre Lorena Alfaro y la gobernadora. Al hacer la tarea a tiempo y con calidad, la alcaldesa irapuatense no solo aseguró recursos millonarios para su gente, sino que demostró que cuando hay voluntad política, los proyectos ejecutivos se convierten en realidades palpables que transforman vidas.

En suma, el paquete de obras de Libia Denisse García Muñoz es un acierto rotundo que demuestra que se puede gobernar con visión de futuro y empatía.

Ahora les toca a los alcaldes demostrar si están a la altura de las necesidades de su gente o si seguirán perdiéndose en la ineficacia y el berrinche político.

He dicho y ya está.

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