El doble rasero y el negro expediente de Goyo Mendoza.

El discurso oficial insiste en vender la idea de “cero tolerancia a la corrupción” para Guanajuato.

Sin embargo, cuando uno revisa los nombres que operan los hilos de los programas sociales más importantes del estado, el panorama se tiñe del mismo color rancio de siempre.

El ejemplo más nítido y preocupante de esta contradicción tiene nombre y apellido: Gregorio “Goyo” Mendoza.

Mendoza Flores presume una trayectoria destacada dentro del Partido Acción Nacional, una lealtad institucional que en Guanajuato suele pagar muy bien.

Hoy ostenta el pomposo cargo de Subsecretario de Operación para el Desarrollo Humano en la recién rebautizada Secretaría del Nuevo Comienzo.

Pero la pregunta que flota en los pasillos políticos no es qué méritos técnicos lo llevaron ahí, sino a quién le debe el favor.

La respuesta es simple: llegó por recomendación directa del exgobernador Diego Sinhue Rodríguez Vallejo, un mandatario cuyo legado sigue severamente comprometido y bajo la sombra de investigaciones por presuntos casos de corrupción.

Para colmo de males, las raíces de Goyo Mendoza en la burocracia estatal no son producto de la meritocracia, sino del compadrazgo.

Sus allegados recuerdan que su verdadero trampolín fue una dirección regional en la antigua SEDESHU, un espacio al que entró en los tiempos del GOLDO corrupto de Diego Sinhue.

Quienes conocen las capacidades reales de Mendoza coinciden en un diagnóstico demoledor: es considerado un hombre con pocas capacidades administrativas.

Se dice un gran “operador político” para ganar elecciones, pero la realidad es que no tiene la menor idea de cómo operar programas y proyectos a nivel estatal. Su incapacidad técnica para manejar políticas públicas complejas es un secreto a voces entre sus propios correligionarios y los ciudadanos que padecieron su gestión.

Pero la inoperancia es apenas el menor de sus problemas. El verdadero escándalo que arrastra Goyo Mendoza proviene de su caótico paso como presidente municipal de Pénjamo (2021-2024).

Los números no mienten y la Auditoría Superior del Estado de Guanajuato (ASEG) ha dejado caer una bomba de realidad sobre su último año de administración.

El informe de auditoría es fulminante: 17 observaciones financieras que retratan un desorden administrativo brutal o algo mucho peor.

La ASEG detectó irregularidades por un impacto total de 47.6 millones de pesos que permanecen sin aclarar, sumado a casi un millón de pesos en errores y omisiones flagrantes dentro de la información financiera de activos, pasivos y patrimonio del municipio.

¿Cómo se le puede confiar la operación del desarrollo humano y los recursos sociales de todo el estado a un personaje que dejó un boquete financiero de más de 47 millones de pesos en Pénjamo?

Goyo Mendoza encarna perfectamente las dos vertientes de la decadencia política: el perfil del panista intocable ante la cúpula, pero profundamente incapaz ante la ciudadanía, cargando a cuestas la sombra de la corrupción y el desvío de recursos como lo hizo el GOLDO Diego Sinhue.

Si este es el perfil de los encargados del “Nuevo Comienzo”, Guanajuato está condenado a seguir atrapado en el peor de sus pasados. La buena de la gobernadora Libia Dennise tiene que revisar o mejor aún la titular Rosario Corona.

He dicha y ya está.

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