Lo que debía ser la gran fiesta del verano para las familias leonesas se convirtió, desde su arranque el pasado viernes, en un monumento a la improvisación, la ineficiencia y el tufo a negocio privado.

El Festival de Verano de León arrancó con un espectáculo penoso: hileras de juegos mecánicos inmóviles, fierros viejos que ni siquiera pudieron ponerse en marcha porque la Dirección de Protección Civil tuvo que frenarlos ante la incapacidad de garantizar la seguridad mínima de los asistentes.
¿En qué cabeza cabe inaugurar un evento de esta magnitud para que la gente camine entre estructuras clausuradas o inservibles? La respuesta no es la falta de tiempo; es la falta de escrúpulos.

Detrás de este desastre operativo hay nombres y apellidos con responsabilidad directa: Héctor Rodríguez Velázquez, presidente del Patronato de la Feria, y Alonso Limón Rode, director de la misma.
Ambos han demostrado una alarmante incapacidad para gestionar el recinto ferial con la seriedad que exige la tercera ciudad más poblada del país.

El modelo de contratación de las atracciones es el corazón del problema y huele mal. Todo indica que se adjudicaron contratos a proveedores que ni siquiera cuentan con la infraestructura o los juegos propios, recurriendo al subarrendamiento —una práctica operativamente negligente e ilegal bajo la normativa que exige solvencia técnica directa a los prestadores de servicios—.

Trajeron chatarras que no pasan ni la primera inspección de seguridad, poniendo en riesgo real la integridad de los niños y jóvenes leoneses.
Pero mientras la calidad decae a niveles vergonzosos, los costos para la ciudadanía se disparan. Como se puede constatar en los recorridos dentro del recinto ferial, las tarifas de los juegos, los abonos y los cobros por cada atracción resultan un insulto a la economía popular.

¿A quién beneficia esta feria si no es a la gente? Todo apunta a una jugada financiera diseñada para maximizar el margen de ganancia entre empresarios amasiados con la directiva, mientras a los leoneses les entregan un servicio de tercera a precios de primera.
Esta no es una pifia aislada. Ya en la edición de enero fuimos testigos del despilfarro de recursos públicos, los sobrecostos y las anomalías en el manejo del presupuesto del Patronato. La historia se repite en verano con el agravante de la burla: nos cobran caro por un servicio incompleto, deficiente y peligroso.

Lo más preocupante y cínico del asunto es que, según trasciende en los pasillos de la administración municipal, Rodríguez y Limón ya operan para “amarrar” los contratos de la próxima Feria de Enero de 2027 con este mismo esquema de proveedores improvisados.
León no merece un Patronato que trate a la ciudad como un botín y a las familias como usuarios de segunda.
O se audita a fondo la contratación de este Festival de Verano y se frena el agandalle para la feria de enero, o Rodríguez Velázquez y Limón Rode deberán asumir que su gestión ha sido, por mucho, la más mediocre y riesgosa en la historia reciente del Patronato.
He dicho y ya está.




