Se acabó el botín: Libia le quita el cheque en blanco al Patronato de la Feria de León.

Hay decisiones políticas que, de un solo manotazo, retratan el tamaño de los vicios acumulados y la urgencia de meter orden en la casa.

La determinación de la gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo de cerrarle el grifo financiero al Patronato de la Feria Estatal de León y asumir directamente la contratación en especie de los grandes conciertos de la Velaria para la edición de enero es, sin matices, un golpe sobre la mesa.

Pero, sobre todo, es un contundente voto de censura y una pérdida total de confianza hacia la cúpula que encabeza este organismo. Es decir al par de corruptos del Héctor Rodríguez y al nuevo rico decir León, el Alonso Limón.

Durante años, el Patronato de la Feria desde la época de otro impresentable como David Novoa estuvo amparado en la inercia de la “cartera abierta” que les heredó la administración saliente del “GOLDO” Diego Sinhue.

La directiva del Patronato convirtió la fiesta del pueblo en un feudo privado. Con carretadas de dinero público fluyendo a libre discreción, se instaló la opacidad, la falta de rendición de cuentas y el despilfarro sin pudor.

Las pruebas de la insensibilidad están a la vista de todos. ¿Cómo explicarle a la ciudadanía leonesa el escándalo del Solareon, esa infraestructura inflada en la que se quemó un millón de dólares y que no ha producido rentabilidad ni retorno social alguno?

¿Con qué cara justificaron las ostentosas erogaciones para traer conferencias como la de Serena Williams, en un despliegue de vanity presupuestal que nada aporta a la esencia popular de la festividad?

Mientras el Director de la Feria estrena vehículos de lujo y asegura sin despeinarse el pago de carísimas anualidades escolares en colegios privados y ni que decir de los negocios que hace Héctor Rodríguez, el evento insignia de la ciudad ha ido perdiendo el rumbo, alejado por completo de su verdadera vocación: ser un servicio público accesible, una palanca de turismo y un espacio de sano esparcimiento social.

Por si el manejo financiero no fuera suficiente foco rojo, la irresponsabilidad directiva ha alcanzado al área más delicada: la seguridad.

Las serias irregularidades y fallas técnicas registradas en los juegos mecánicos durante el Festival de Verano expusieron la integridad física de miles de familias, dejando al descubierto una gestión negligente que priorizó el negocio antes que la vida de los asistentes.

El mensaje que envía el Ejecutivo estatal es cristalino: el dinero de los guanajuatenses no volverá a pasar por las manos de quienes han malgastado el presupuesto a manos llenas.

Al contratar directamente cuatro grandes eventos musicales, el Gobierno del Estado no solo blinda los recursos públicos contra el sobreprecio y la opacidad, sino que impone una condición indispensable: la eliminación absoluta de la “Fila Cero”.

La erradicación de las zonas VIP pagadas devuelve el sentido auténticamente popular a la Velaria. La música y el espectáculo de primer nivel deben ser gratuitos e iguales para todos, no un privilegio reservado a quien pueda desembolsar miles de pesos o a los recomendados de la nómina patronal.

Lo más insólito —y hasta vergonzoso— de este capítulo ha sido la postura del presidente del Patronato, Héctor Rodríguez Velázquez, y del director general, Alonso Limón.

Tras el planteamiento de la Secretaria de Turismo estatal Lupita Robles, el Consejo Directivo prefirió atrincherarse, bajar el punto del orden del día y declarar, con un orgullo y una necedad desmedidos, que “van a analizar si aprueban” el procedimiento planteado por el Estado. No mamar.

¿Qué pretenden “aprobar”? Confunden la autonomía administrativa con la impunidad presupuestal.

No están en posición de regatear ni de dictar condiciones cuando han sido unos completos corruptos y los responsables de sumir a la Feria de León en una crisis de opacidad.

La gobernadora no necesita el permiso de un patronato reprobado para entregarle un beneficio directo a los leoneses; lo que está haciendo es rescatar una fiesta estatal pública del secuestro del amiguismo y el derroche.

La decisión está tomada y el diagnóstico es irrevocable: a la burocracia dorada de la Feria de León se le acabó el botín.

Resta ver si, Rodríguez Velázquez y Limón continuarán aferrados a los cargos, mientras la ciudadanía constata cómo, desde la administración estatal, se le devuelve la Feria al pueblo. Par de sinvergüenzas.

El gobierno de la gente se las aplicó y se las aplicó por conducto de una persona que sabe cómo hacer las cosas sin dinero del estado y ella es Lupita Robles quien fue directora de la feria hace algunos ayeres.

A ver si le aprenden algo para de jetas o más bien renuncien, si es que les queda algo de dignidad, porque han quedado señalados como personas sin confianza para ejercer dinero público de los guanajuatenses. Que vergüenza.

He dicho y ya está.

Comparte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *