En política, la ingratitud suele ser el plato principal, pero lo que estamos presenciando en el Ayuntamiento de León raya en lo patético.
Durante años, los regidores y síndicos del Partido Acción Nacional operaron bajo una premisa única: la disciplina ciega. Fueron, más que representantes ciudadanos, ecos obedientes de la línea que marcaba la oficina principal.
Hoy, ante la salida de Alejandra Gutiérrez hacia Movimiento Ciudadano, esos mismos “soldados del partido” han decidido, por arte de magia, que siempre fueron adalides de la democracia y defensores del pueblo.

Los Huérfanos de la Línea
Es de una desfachatez inaudita escuchar el discurso de personajes como la síndica María Esther Santos o el síndico Román Cifuentes y no se diga el que fuera el escudero de la alcaldesa, Hidlberto Moreno, se llenan la boca hablando de la “institucionalidad” y del “triunfo del PAN”, olvidando convenientemente que su capital político actual no es fruto de su brillantez política, ni de su arraigo popular, sino del impulso y la estructura que Ale Gutiérrez les construyó.

¿Qué sería de la carrera de Santos o de la relevancia de un Cifuentes o los beneficios obtenidos por Moreno, sin el cobijo de la mujer a la que hoy, entre susurros y comunicados tibios, acusan de traición? La traición, sin embargo, tiene dos caras.

Mientras señalan a la alcaldesa por cambiar de colores, ellos traicionan la lealtad que les permitió llegar a la silla. Es el discurso de la mediocridad: ante la pérdida de la lideresa que les dictaba el guion, intentan rescatar un “honor” que empeñaron hace mucho a cambio de una regiduría.
El delirio de grandeza del Cabildo azul ha llegado a un punto crítico. En su afán por protagonizar una resistencia de papel, parecen haber olvidado las leyes básicas del municipio.

Voces como la de la regidora Irazú Anguiano, cuya capacidad técnica ha brillado por su ausencia durante toda la administración, ahora pretenden “tomar las riendas” de la ciudad. Me cago en 10!!!
Hay que recordárselos con peras y manzanas: quien gobierna es la Presidenta Municipal. El Ayuntamiento tiene facultades claras de fiscalización, aprobación y supervisión de presupuestos y programas, pero el mando ejecutivo no es un botín que se reparten los regidores por despecho partidista.
Este intento de asaltar la palestra pública para “gobernar” desde una silla de regidor no es más que una pataleta de quienes se saben políticamente huérfanos.

La Dignidad Perdida
Es lamentable ver cómo aquellos que fueron “hijos de la línea” hoy intentan impostar una voz propia que nunca cultivaron.
La recomposición del Ayuntamiento de León pondrá a cada quien en su lugar. Veremos si en los meses que quedan, a estos regidores les queda siquiera un gramo de voz legítima o si se ahogarán en su propio vacío de liderazgo.

La realidad es cruda: Ale Gutiérrez se llevó consigo la brújula del gobierno, y lo que queda en el bloque panista es un grupo de funcionarios que, en su intento por salvar el barco, solo están hundiendo lo poco que les quedaba de credibilidad.
La dignidad no se recupera con un comunicado de prensa ni con discursos banales sobre “el partido”; la dignidad se tiene o no se tiene, y en este Cabildo, hace mucho que se extravió.
Se les olvida que ellos llegaron por su instituto político, pero no tienen puta idea de representar a los leoneses sin distingos partidistas, de ser daltónicos para ver por el bien de la ciudadanía. Más bien tienen una enfermedad que se llama mediocridad poltitica. Y el más enfermo es Román Cifuentes.
He dicho y ya está.




