La farsa naranja: El cinismo de la “tercera vía” y el verdadero rostro de Yulma Rocha

Llegó entre aplausos, discursos engolados y la bandera de una supuesta renovación democrática. Yulma Rocha Aguilar celebra hoy su entronización al frente de los destinos de Movimiento Ciudadano en Guanajuato, prometiendo la construcción de una “tercera vía”, un espacio para la juventud y una opción limpia frente al desgaste del bipartidismo tradicional.

Sin embargo, el barniz de pureza no duró ni un suspiro. Antes de poder presumir el más mínimo avance político, el proyecto naranja en la entidad ha quedado al desnudo con la revelación de lo que huele a un descarado esquema de nepotismo, tráfico de influencias y uso de la nómina pública como caja chica familiar.

Mientras en los micrófonos se llena la boca de baños de pureza y posturas pretendidamente éticas, en los hechos la realidad destruye la narrativa.

Los documentos oficiales del propio Congreso del Estado no mienten: la diputada Sandra Pedroza —fiel escudera y ex- asesora de Yulma desde sus tiempos en el PRI— dio de alta en la nómina del Grupo Parlamentario a Rafael Prieto Zavala con un sueldo bruto de $36,693 pesos mensuales, el nivel más alto del equipo, cobrando aguinaldos, primas vacacionales y gratificaciones con cargo al erario.

Y cuando se lo replegaron en su cara los reporteros de la fuente solo quedó con una aspecto de vergüenza ajena. Incluso se atrevió a mentir insistiendo que su “asesor” es licenciado en derecho, cuando no es así. El mentir es corrupción y tanto Sandra como Yulma han cometido este pecado.

¿El problema? Que en el Congreso nadie lo conoce. No está en la casa de gestión, no aparece en las oficinas legislativas y su currículum nada tiene que ver con el derecho o el trabajo parlamentario: su trayectoria oscila entre la supervisión de uniformes y la gerencia de centros nocturnos.

Lo que sí abunda en sus registros públicos es una estrecha cercanía de años con Daniel Pimentel Faez, esposo de Yulma Rocha, compartiendo actividades profesionales en el sector de comedores industriales.

La ecuación es transparente: un “aviador” de alto nivel vinculado al entorno familiar de la dirigencia estatal, financiado directamente con el dinero de los contribuyentes guanajuatenses a través de la representación parlamentaria de MC.

Resulta verdaderamente vergonzoso constatar en qué se ha convertido la “nueva política” en Guanajuato. La narrativa combativa y la postura de oposición radical que Yulma Rocha vendió para mudarse de piel partidista se han evaporado para dar paso a un pragmatismo acomodaticio.

De la crítica feroz pasaron sin escala al respaldo complaciente y al acomodo político frente al poder municipal en León encabezado por Alejandra Gutiérrez.

El balance de Yulma Rocha al frente de Movimiento Ciudadano es desolador: cero resultados políticos, un crecimiento nulo en las encuestas que mantiene al partido en la irrelevancia electoral y, a cambio, una cauda de sospechas de negocios al amparo del poder.

Ni “tercera vía”, ni “opción ciudadana”, ni “partido de los jóvenes”: el proyecto naranja en Guanajuato terminó siendo el mismo refugio de viejas prácticas donde la política se entiende como botín y la representación popular como un negocio de familia. La farsa ha quedado al descubierto.

Y ha quedado más al descubierto al ver al tal Rafael ya en los pasillos del congreso y en el comedor. Y por otro lado Yulma se victimiza diciendo que lo de su amigo aviador es un golpeteo político. Después de que lo ha tenido como un huevón cobrando desde que estaba en el PRI.

Un descaro total de están”política” que se quiere lavar las manos después de que se la ha conocido como se ha aprovecho del dinero de los guanajuatenses en unas campañas electorales. ¿O ya se le olvidó también eso?

He dicho y ya está.

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