Carretera del desastre y los políticos de rapiña Ricardo Ferro y Osvaldo García en el viacrucis de 37 comunidades en San Miguel

Toda obra pública genera molestias temporales, es cierto. Pero lo que hoy padecen los habitantes de 37 comunidades rurales de San Miguel de Allende a lo largo de los 17 kilómetros del tramo Los Rodríguez, en la carretera San Miguel de Allende–Doctor Mora, ya no es una simple incomodidad: es un calvario diario solapado por la ineptitud y el cinismo político.

Los trabajos, a cargo de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) del Gobierno Federal, acumulan tres meses y medio de retrasos, baches colosales, nubes perpetuas de polvo, daños mecánicos a vehículos y una parálisis brutal para trasladarse a escuelas, centros de trabajo y servicios de salud.

La promesa federal de una inversión por 93.75 millones de pesos con fecha de conclusión en enero de 2027 se ha convertido en una obra eterna y opaca, donde nadie informa sobre el avance físico real ni sobre el paradero y ejercicio de los recursos.

Frente a este desastre logístico, la respuesta de la gente no se ha hecho esperar: cansados del abandono, comerciantes, transportistas, empresarios y habitantes convocaron a una manifestación pacífica para este próximo miércoles 4 de noviembre a las 8:00 de la mañana en la gasolinera Loma Linda. Exigen transparencia, mejor señalización y atención inmediata a los tramos peligrosos.

Sin embargo, el desastre logístico que estrangula a comunidades como El Paredón, Puerto de Sosa, Cañada de las Flores, Biznaga de Cerro Grande, San Miguelito, Tres Palmas, La Talega, El Carmen y Montecillo de Guzmán viene acompañado de una capa todavía más insultante: la inoperancia y el carroñero oportunismo de actores políticos de Morena que hoy se esconden o presumen migajas mientras se les acaba el “hueso”.

Ahí tenemos a Ricardo Ferro, quien muy ufano se paseó presumiendo la gestión de la obra como si se tratara de un logro personal, pero que ahora guarda un silencio cómplice ante las penurias de los automovilistas y campesinos.

Y qué decir de Osvaldo García, un referente político local que ha caído en el más absoluto cinismo, llegando incluso a medrar políticamente con los materiales de la obra en las propias comunidades, lucrando con la necesidad de la gente para impulsar sus filias e intereses personales de cara al futuro.

Este par, ya no podrá circular por estas comunidades porque literalmente se han burlado de las dificultades de cientos de familias.

Mientras los habitantes respiran tierra y desgastan su patrimonio esquivando cráteres, la clase política local de Morena solo piensa en su siguiente cargo, demostrando que su paso por la vida pública no es para servir, sino para usufructuar el dolor ajeno.

Es urgente trazar una línea clara entre quienes gestionan con fanfarria y quienes tienen la responsabilidad legal de ejecutar y supervisar. Las comunidades de San Miguel ya despertaron, y el próximo 4 de noviembre dejarán claro que la paciencia se acabó frente a tanta simulación y rapiña política.

He dicho y ya está.

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