La amnesia selectiva de la Yuya Rocha: entre el pasado tricolor y el estancamiento naranja.

​En la geografía de la política mexicana, pocas cosas resultan tan desconcertantes como la repentina amnesia que padecen algunos personajes al cambiar de trinchera.

El más reciente y claro ejemplo lo protagoniza Yulma Rocha, actual dirigente estatal de Movimiento Ciudadano en Guanajuato, quien en días pasados desató una dura embestida verbal contra el anuncio de una posible alianza entre el PRI y el PAN rumbo a los próximos comicios estatales.

​Lo llamativo —y políticamente cuestionable— no es la crítica en sí misma, sino el espejo en el que se mira quien la emite.

Con una ligereza pasmosa, la Yuya, como le dicen sus cercanos, olvida que su origen, su formación, su fuerza mediática y toda su trayectoria pública hunden sus raíces profunda y exclusivamente en el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

​Durante años, el tricolor fue la plataforma que la catapultó como mujer de poder y de Estado.

Ahí construyó una carrera nutrida de privilegios y responsabilidades de primer nivel: legisladora local y federal, dirigente partidista y figura protagónica en la vida interna del partido.

Para decirlo sin ambages: en el PRI lo fue todo. Su presencia pública está tatuada de tricolor; su capital político es, indiscutiblemente, una herencia de ese pasado que hoy intenta sepultar con desdén para congraciarse con sus nuevos aliados circunstanciales.

​Resulta triste, por no decir oportunista, ver a una política enfocar sus baterías contra el partido que le dio voz y voto, el partido que le dio lo que ahora es, únicamente para responder a las fricciones y críticas lanzadas desde la dirigencia nacional priista.

Renegar de la propia historia para acomodarse a las exigencias del discurso de coyuntura, evidencia una profunda falta de coherencia y una postura endeble.

La memoria flaca de Yulma Rocha le impide reconocer que descalificar el pasado con tal de ganar reflectores en el presente exhibe más debilidad que convicción. Pero el trasfondo de este arrebato discursivo revela un problema mucho más grave: la desesperación.

El partido naranja en Guanajuato no levanta. Lejos de consolidarse como una alternativa fresca y competitiva, Movimiento Ciudadano transita por un estancamiento inocultable que presagia un retroceso electoral de pronóstico reservado para la siguiente contienda y todo es culpa de Yulma Rocha.

​En lugar de dilapidar su energía en berrinches mediáticos y ataques viscerales contra su exformación política, Yulma Rocha debería redirigir sus baterías hacia lo que realmente importa: fortalecer el discurso institucional del partido, tejer una relación sólida y creíble con la sociedad guanajuatense y construir una opción política viable. Pero no.

​La política exige altura de miras, congruencia y memoria firme. Atacar al pasado para ocultar el estancamiento del presente no solo es un ejercicio de amnesia selectiva, es la radiografía perfecta de una dirigencia extraviada en su propio laberinto de conveniencia.

Con la Yuya Movimiento Ciudadano está al borde del psiquiátrico y quizá del suicidio. Y solo hay que recordarle que sino fuera por el PRI y sus padrinos políticos de ese partido, en este momento no gozaría de los recursos económicos que el tricolor y el pueblo le hizo llenarse los bolsillos.

He dicho y ya está.

Comparte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *