La feria de las sombras: Colapso financiero, cinismo e impunidad en el Patronato de León

La desfachatez y la ceguera de la alta burocracia al frente de la Feria Estatal de León finalmente topó de frente con la realidad.

Tras el contundente anuncio del Gobierno del Estado de cerrar de golpe el grifo del dinero público —impidiendo que se siga regalando el presupuesto a manos llenas para ser dilapidado sin rendir cuentas —, la narrativa del Patronato se ha desmoronado por completo.

Ahora, entre excusas, lamentos e insólitas expresiones de ofensa, los directivos argumentan que “ya no tienen dinero” para contratar espectáculos ni para organizar el evento.

La pregunta que todo León exige responder es directa y brutal: ¿En dónde quedó el dinero de los leoneses?

El espectáculo de las “manos limpias” y el galimatías de las cifras.

Lejos de asumir con madurez el desastre en sus finanzas, las recientes e insostenibles declaraciones del presidente del Patronato, Héctor Rodríguez Velázquez, rayan en la desvergüenza absoluta.

En un acto de cinismo insuperable frente a las cámaras de los medios se presentó ante la opinión pública para enseñar las manos y exclamar, sin un solo atisbo de vergüenza, que tienen “las manos limpias”.

Una declaración verdaderamente de risa loca, hacen el ridículo, ¿verdaderamente piensan que pueden salir a dar un espectáculo con esas declaraciones, de payaso callejero?

Causa verdadera indignación ver cómo se muestran “sorprendidos”, “ofendidos” y hasta agredidos porque la ciudadanía, las investigaciones periodísticas y diversos sectores los señalan de frente por probables actos de corrupción, opacidad y despilfarro.

Intentan hilvanar explicaciones no pedidas para lavarse las manos en público, olvidando que en política y administración pública, explicación no pedida, culpa manifiesta.

Es una muestra ruin de victimización: quienes han conducido a una institución histórica a un abismo presupuestal, pretenden encarar al pueblo al que le fallaron con aires de santidad impoluta.

Lo más grave es que no tienen un solo argumento sólido ni documento contundente sobre la mesa. Para evadir la realidad, se pierden cobardemente en un galimatías infumable de números: que si cuántas personas ingresaron, cuántas pagaron, cuántas entraron gratis y cuántas dejaron de pagar boleto.

Ensayan una matemática confusa y amañada con el único propósito de marear a la prensa y esconder el verdadero fondo del problema: la administración irresponsable y la sospecha legítima de beneficio personal a costa del erario.

Bonanza pulverizada y el expediente del despilfarro.

Históricamente, la Feria de León fue una institución autosuficiente y un orgullo regional. Durante décadas, los ingresos por taquilla, espacios comerciales y patrocinios bastaban y sobraban para financiar la edición siguiente, garantizando un evento de clase mundial sin tocar un solo peso del subsidio público.

Sin embargo, la nefasta gestión encabezada por Rodríguez Velázquez y Alonso Limón pulverizó esa bonanza financiera, hundiendo a la festividad en la insolvencia, la opacidad y una evidente incapacidad administrativa.

El expediente de despropósitos cometidos bajo su mando es vergonzoso e indefendible:

Pifias millonarias y proyectos fallidos: La lista de espectáculos frustrados o pésimamente planeados representa un desfile de improvisación técnica y financiera. El episodio de las conferencias vacías —como el estruendoso fracaso con Serena Williams— y el vergonzoso tiradero de un millón de dólares en el malogrado proyecto Solaris/Solareón son testimonios deplorables del desprecio con el que han manejado los recursos públicos. Ningún galimatías sobre el “acceso gratuito” puede tapar el agujero de un millón de dólares lanzado a la basura.

Incapacidad y negligencia en la seguridad: La falta de supervisión operativa en las instalaciones y juegos mecánicos, que derivó en lamentables accidentes de visitantes, demostró que la integridad de las familias leonesas jamás figuró entre las prioridades de esta directiva.

Despilfarro visible e inoperancia: Aunque la corrupción formal sea una presunción jurídica a la espera de ser investigada por las autoridades, a los ojos de toda la sociedad leonesa el mal uso del dinero, la baja calidad de las atracciones y la falta de transparencia son hechos contundentes e innegables.

Manos “limpias”, pero cuentas en números rojos.

Ante este escenario de evidente incompetencia y mala administración, la decisión de la gobernadora de retirarles el cheque en blanco y asumir directamente la contratación de 4 o 5 conciertos de calidad internacional representa una medida de elemental cordura administrativa.

Se protege el dinero del pueblo y se asegura que León tenga espectáculos de primer nivel sin la intermediación de directivos incapaces.

Sin embargo, el mero retiro de los fondos no extingue la responsabilidad penal ni administrativa. Que hoy estos funcionarios salgan a “buscar dinero” con la frente en alto tras dejar en números rojos a una institución históricamente próspera es una desvergüenza insostenible.

La Contraloría Municipal y los órganos de fiscalización deben auditar inmediatamente cada peso gastado en las últimas ediciones.

León no solo exige una feria digna; exige el fin del cinismo, la rendición clara de cuentas y el castigo enérgico a quienes pretendieron convertir el patrimonio de la ciudad en su botín personal mientras juraban tener “las manos limpias”.

No se hagan tontos, son unos irresponsables y corruptos aún y cuando digan que no, y que no tienen un señalamiento. La mejor auditoría es la pública y la que ha evidenciado sus tranzas. Héctor y Alonso deben irse a volar, pero al Altiplano.

He dicho y ya está.

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