La televisión pública no es un feudo ni el patrimonio personal de quien ostenta su dirección; es un bien del Estado concebido para garantizar el derecho a la información, promover la cultura y servir a la ciudadanía bajo los más altos estándares de ética y profesionalismo.
Lamentablemente, la realidad que hoy consume a TV4 (Unidad de Televisión de Guanajuato) dista drásticamente de este principio ideal.

Un nuevo testimonio dramático se suma a la ya preocupante y sistemática cadena de denuncias públicas por violencia y vulneración de derechos laborales al interior del canal estatal.
La gravedad de estas prácticas trasciende lo profesional: los abusos y la constante violación de derechos afectan de manera directa la vida personal de las y los trabajadores, generando repercusiones severas en sus entornos familiares y en su bienestar integral. Es indispensable poner un alto definitivo a estas conductas inadmisibles.

La historia se repite con un patrón alarmante: procesos de contratación opacos y dilatados de manera injustificada, promesas de horarios fijos ajustados a las necesidades del personal —como quienes combinan su jornada con la formación universitaria— que rápidamente son pasadas por alto, y un entorno sofocante marcado por el favoritismo, la discrecionalidad y el amiguismo ejercido por el personal de confianza.

Es de suma gravedad que un funcionario público incurra, por acción u omisión, en este tipo de anomalías. En este caso, la responsabilidad directa recae en su director general, Rafael Gutiérrez Mercadillo, quien encabeza la institución y ostenta la obligación ética y legal prioritaria de garantizar un entorno laboral digno, equitativo y libre de violencia para cada persona a su cargo.

Cuando la titularidad del canal tolera o promueve la arbitrariedad y el maltrato, desnaturaliza la función pública y degrada la institución que representa.
Esta crisis interna no es un hecho aislado, sino el síntoma de una problemática más profunda. Es momento de abrir una reflexión seria y de fondo sobre la situación real de TV4. ¿Cuáles son los verdaderos resultados de la gestión actual? ¿Cuál es la rentabilidad social, el alcance y el impacto real de los contenidos que el canal ofrece a las y los guanajuatenses frente a los cuantiosos recursos públicos que consume?

La suma de denuncias laborales sistemáticas exige un alto en el camino. Ya no basta con desestimar las quejas como hechos aislados o meros desacuerdos de oficina.
Es urgente que los órganos de control y las autoridades competentes realicen una evaluación integral a la gestión de Rafael Gutiérrez Mercadillo al frente de TV4, auditando no solo el clima organizacional y el respeto a los derechos humanos del personal, sino también los resultados operativos y la pertinencia del canal.

Guanajuato merece un medio público a la altura de su sociedad, no una plataforma sumida en la opacidad y el conflicto laboral. Y porque no? Otro titular al frente de esta televisora.
He dicho y ya está.



